Querido amigo:
Hace tiempo que te ando buscando, que no sé nada de ti. Te marchaste hace meses sin avisar, dejándome solo y sin saber si volverías.
He esperado todo este tiempo para escribirte, porque pensaba que en algún momento aparecerías de nuevo por la puerta y yo olvidaría tu ausencia de todos estos meses.
Se me hace extraño no estar contigo, que no estés a mi lado. Hay días que lo llevo mejor, otros que ni tan siquiera me acuerdo de ti y días que no paro de pensar en lo bien que lo hemos pasado juntos.
Todavía me cuesta comprender porque te fuiste, todavía te lloro, todavía sigo pensando que algún día volverás.
No te creas que no te he buscado en todo este tiempo. He llamado a Loli, a Elena, a Leticia y a otras tantas amigas por si te habían visto. Todas ellas me dijeron que no sabían ni querían saber nada más de ti.
Es tal mi desesperación que hace poco hablé con Marta, que fue la última persona que supo de ti y también me dijo que no sabía nada, es más que ya te había olvidado y que ni te buscaba ni pensaba hacerlo. Fíjate me pidió incluso que no le preguntara nunca más por ti.
Todavía recuerdo la última vez que nos vimos, que nos encontramos por casualidad. Fue un gran momento ¿lo recuerdas? Fue una tarde de verano, en una parada de autobús. Yo no te esperaba, pero por casualidades de la vida te presentaste sin avisar, tal fue mi sorpresa que yo no sabía que hacer. Fue un encuentro muy bonito, de esos que recordaré toda mi vida.
Semanas después de ese reencuentro, te marchaste sin avisar, como aquel que se va a comprar tabaco y no vuelve nunca, pues igual. Y yo hasta el día de hoy te sigo buscando.
Mucha gente me ha dicho que no te busque, que ya te encontraré, que cuando menos me lo espere tú aparecerás. Pero ya sabes que soy muy impaciente, que no me gusta esperar.
Si lees esta carta ponte en contacto conmigo, ya sabes donde estoy, ya sabes donde encontrarme. Espero que recapacites y vuelvas pronto.
Te espero amigo, te espero... AMOR.
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