Te lo voy a decir para que te enteres. Sí a ti que me estás leyendo ahora mismo, te miro a los ojos y te digo de una manera muy clara, sin tapujos: TE VAS A MORIR.
Y ni tu chalet con piscina en una zona exclusiva, ni tu despacho con sillones de piel y vistas a la gran ciudad te salvarán. Ni tan si quiera tus joyas valiosísimas encerradas en una caja de seguridad, ni tus cuadros de valor incalculable, ni el dinero acumulado que no serás capaz de gastar nunca, te darán la vida eterna.
Te morirás aunque hayas obtenido un gran poder en las urnas.
Te morirás aunque hayas creado un emporio de empresas de manera fraudulenta.
Y te morirás aunque te esté esperando cada día un yate en la puerta de tu casa.
Te morirás aunque nunca hayas tendido una mano sin esperar nada a cambio.
Te morirás aunque la palabra solidaridad no esté en tu diccionario.
Y te morirás aunque pienses que vas a ser eternamente joven.