Quizás soy un solitario, porque ya no me cuesta dejar a mis amigos en el camino, dejar cadáveres en la cuneta , proyectos de algo más en puntos suspensivos.
Quizás soy un inmaduro, porque siempre añoré mi infancia. Esa época sin preocupaciones donde no existe el bien y el mal, donde nadie te hace daño, donde no eres capaz de confundir el amor y el desamor.
Quizás soy un poeta, porque nunca desprecié un beso, porque siempre valoré un abrazo, porque nunca le dije no a una caricia. Soy poeta porque cambié versos por besos, alma por alma, dolor por dolor, te quieros por nada.
Quizás soy un loco, porque nunca me gustó vivir encorsetado en la cordura, emparedado en la mesura, oprimido por lo políticamente correcto. Porque siempre valoré terminar nuestra guerra ondeando la bandera de la paz carnal.
Quizás soy un borracho porque las musas del alcohol me enseñaron a imaginar un mundo mejor, sin imposibles, sin buenos ni malos, sin positivos ni negativos.
Quizás soy un incomprendido porque nadie se puso a mi altura, porque nadie rozó el infierno con la punta de los dedos, porque nadie se sintió vacío con el alma hueca.
Quizás lloro porque en cada lágrima me dejo la vida, porque en cada sollozo resucito y resurjo de mis cenizas para seguir adelante. No quiero mirar atrás, no quiero ser una estatua de sal.
Quizás algún día destile el odio almacenado a golpes de rabia, quizás algún día seré capaz de recordarte con cariño, quizás algún día no me permitiré arrastrarme por el lodo de la incomprensión.
Hoy no puedo, quizás algún día ….Hoy no....
martes, 23 de marzo de 2010
jueves, 21 de enero de 2010
HAY BESOS...
El beso es el mejor medicamento para curar las heridas del corazón, la soledad, el sentimiento de abandono, la falta de cariño y el desamor.
Hay tantas formas de besar, como personas, escenarios y momentos hay en el mundo.
Hay besos, robados, pactados, comprados, esperados, inesperados...
Hay besos que te hielan el alma, que te roban la vida, que te dejan sin aire, que te resucitan...
Hay besos que te reconcilian con el mundo, que te hacen soñar despierto, que saben a pecado...
Hay besos que paran relojes, que no se repiten nunca, que se quedan atrapados en tu mente, que te hacen volar sin alas, que desafían la lógica...
Hay besos que se buscan y no se encuentran, que son platónicos, que se desean, que no se olvidan...
Hay besos que nacen y mueren en los mismos labios, o en otros labios, o los que nunca mueren y siempre nacen.
El beso es la puerta de entrada a la casa del placer, es la fusión perfecta entre dos personas.
En definitiva, el beso es la mejor manera de cerrarle a alguien la boca.
Hay tantas formas de besar, como personas, escenarios y momentos hay en el mundo.
Hay besos, robados, pactados, comprados, esperados, inesperados...
Hay besos que te hielan el alma, que te roban la vida, que te dejan sin aire, que te resucitan...
Hay besos que te reconcilian con el mundo, que te hacen soñar despierto, que saben a pecado...
Hay besos que paran relojes, que no se repiten nunca, que se quedan atrapados en tu mente, que te hacen volar sin alas, que desafían la lógica...
Hay besos que se buscan y no se encuentran, que son platónicos, que se desean, que no se olvidan...
Hay besos que nacen y mueren en los mismos labios, o en otros labios, o los que nunca mueren y siempre nacen.
El beso es la puerta de entrada a la casa del placer, es la fusión perfecta entre dos personas.
En definitiva, el beso es la mejor manera de cerrarle a alguien la boca.
domingo, 27 de diciembre de 2009
ESPERANDO...
Barba de tres días, pijama de algodón pegado al cuerpo, dos días sin intimar con la ducha.
Incomprensión en pastillas, tristeza en vena, necesidad de una aguja que me inyecte vida.
Sopa de navidad salpimentada de recuerdos, el reloj biológico a punto de marcar los treinta, cuenta atrás que acorta la vida. Muchas cosas por hacer, pocas ganas de hacerlas.
Casi tres décadas buscando el amor, la felicidad, rompiendo muros de lamentos, soñando despierto.
Una y otra vez volviendo al punto de partida, cada vez cuesta más emprender el viaje hacia la tierra de las ilusiones perdidas. Cada vez es más difícil levantarse con ganas de luchar, cada vez es más difícil morir por un ideal.
La cama mi amiga, mi habitación en penumbra mi espacio, la soledad una extraña compañera, estas letras son el elixir que curan mi corazón en cangrena.
El insomnio se manifiesta en mis ojos hinchados, ojeras delatadoras, cansancio acumulado, es el rostro de un derrotado.
Achaques de la edad, heridas en el alma curadas con chorros de alcohol. Viendo la vida pasar como un espectador de segunda fila.
Esperando algo…esperando nada…esperándolo todo.
Incomprensión en pastillas, tristeza en vena, necesidad de una aguja que me inyecte vida.
Sopa de navidad salpimentada de recuerdos, el reloj biológico a punto de marcar los treinta, cuenta atrás que acorta la vida. Muchas cosas por hacer, pocas ganas de hacerlas.
Casi tres décadas buscando el amor, la felicidad, rompiendo muros de lamentos, soñando despierto.
Una y otra vez volviendo al punto de partida, cada vez cuesta más emprender el viaje hacia la tierra de las ilusiones perdidas. Cada vez es más difícil levantarse con ganas de luchar, cada vez es más difícil morir por un ideal.
La cama mi amiga, mi habitación en penumbra mi espacio, la soledad una extraña compañera, estas letras son el elixir que curan mi corazón en cangrena.
El insomnio se manifiesta en mis ojos hinchados, ojeras delatadoras, cansancio acumulado, es el rostro de un derrotado.
Achaques de la edad, heridas en el alma curadas con chorros de alcohol. Viendo la vida pasar como un espectador de segunda fila.
Esperando algo…esperando nada…esperándolo todo.
martes, 8 de diciembre de 2009
PARA QUÉ ESCRIBIR...
Para qué escribir si estoy bien conmigo mismo, si ya no lloro por amor, si ya no sueño contigo, si tu ausencia ya no me provoca dolor.
Para qué escribir si ya no me cuesta nada besarte tan sólo en la mejilla, si ya no bebo para olvidar, si ya no me masturbo pensando en ti.
Para qué escribir si ya comparto mesa con velitas con cualquiera, si ya no me importa pagar para sentirme deseado, si mi mirada ya no busca la tuya, si mi boca ya tiene el sabor de otra boca, si tu perfume ya no es el primer olor del día.
Para qué escribir si no echo de menos tus caricias inesperadas en mitad de la noche, si en mi cama ya se ha borrado la silueta de tu cuerpo, si ya no me pongo enfermo porque no estás junto a mí.
Para qué escribir si cada día que pasa voy perdiendo la fe en el amor, si mi religión ya no es tan sólo tu cuerpo, si ya no hago penitencia para que me perdones, si ya no rezo para que vuelvas.
Para qué escribir si cada decepción tiene nombre de mujer, si ya no leo a Neruda, si ya no me emociona nuestra canción.
Para qué escribir si me comparas con otros, si buscas híbridos, si has recostado tu cuerpo en otros brazos distintos a los míos.
Para qué escribir si ya se han secado las fuentes del placer, si ya me he acostumbrado a la soledad, si ya no espero tu retorno escondida entre el sol y la luna.
Para qué escribir si mis manos ya están limpias, si ya me he lavado la sangre que brotaba de las heridas que dejaste en mi corazón.
Para qué escribir si ya no te siento, ni te padezco.
Para qué escribir si ya no te busco, ni te encuentro.
Para qué escribir si yo ya no muero por ti.
Para qué escribir si tú ya no mueres por mí
Para qué escribir si ya no me cuesta nada besarte tan sólo en la mejilla, si ya no bebo para olvidar, si ya no me masturbo pensando en ti.
Para qué escribir si ya comparto mesa con velitas con cualquiera, si ya no me importa pagar para sentirme deseado, si mi mirada ya no busca la tuya, si mi boca ya tiene el sabor de otra boca, si tu perfume ya no es el primer olor del día.
Para qué escribir si no echo de menos tus caricias inesperadas en mitad de la noche, si en mi cama ya se ha borrado la silueta de tu cuerpo, si ya no me pongo enfermo porque no estás junto a mí.
Para qué escribir si cada día que pasa voy perdiendo la fe en el amor, si mi religión ya no es tan sólo tu cuerpo, si ya no hago penitencia para que me perdones, si ya no rezo para que vuelvas.
Para qué escribir si cada decepción tiene nombre de mujer, si ya no leo a Neruda, si ya no me emociona nuestra canción.
Para qué escribir si me comparas con otros, si buscas híbridos, si has recostado tu cuerpo en otros brazos distintos a los míos.
Para qué escribir si ya se han secado las fuentes del placer, si ya me he acostumbrado a la soledad, si ya no espero tu retorno escondida entre el sol y la luna.
Para qué escribir si mis manos ya están limpias, si ya me he lavado la sangre que brotaba de las heridas que dejaste en mi corazón.
Para qué escribir si ya no te siento, ni te padezco.
Para qué escribir si ya no te busco, ni te encuentro.
Para qué escribir si yo ya no muero por ti.
Para qué escribir si tú ya no mueres por mí
sábado, 31 de octubre de 2009
NO VAYA A SER...
Hay tantas formas de querer, como personas hay en este mundo.
Hay tantas formas de amar como matices de colores hay en el firmamento.
La noche y las musas del alcohol marcan el camino hacia el deseo, hacia lo imposible para hacerlo posible, para hacerlo palpable, para ponerlo delante de ti y servírtelo en bandeja para que te tomes tu ración de lujuria escondida.
Nunca imaginé lo que sería capaz de hacer, el deseo nos lleva a la locura, no distinguimos entre el bien y el mal, entre lo masculino y lo femenino.
Nos pasamos por el forro los convencionalismos, en la noche todo se relativiza, todo cobra menos importancia, el todo es nada, la nada es nada.
A ciertas horas nos embriagamos de placer, nos emborrachamos de deseo y nos dejamos llevar por el más básico de los instintos
Todavía siento el perfume de tu piel impregnado en mi piel, todavía siento tu culpabilidad pegada a mi culpabilidad, todavía me siento cómplice de tus caricias acompañadas de mis caricias.
Todavía no sé si fue real o tan sólo fue un sueño que revivo en mi mente una y otra vez. Nunca olvidaré ese momento, siempre estará ahí y no sé si todo esto significará un punto y aparte, o un punto y seguido, o simplemente le pondremos a esta historia puntos suspensivos.
La sociedad nos hace estar a un lado o al otro, tenemos que ser de izquierdas o de derechas, arriba o abajo, por detrás o por delante, en nuestra acera o en la acera de enfrente, siempre tenemos que elegir y descartar. Estar en un bando o en otro, la guerra contigo o la paz sin ti.
No podemos caminar por la calle de en medio, no podemos amar el gris debemos elegir entre el blanco y el negro. Hay que definirse, hay que razonar, hay que dejar de lado esa palabra cursi, pasada de moda, que tan sólo utilizan los clásicos y no es otra que la palabra sentir.
Hay que explicarlo todo y además ese todo debe tener algún sentido, debe tener lógica. No debemos darle protagonismo a la improvisación, todo debe ser medido por la cordura, no vaya a ser que un loco sea el más cuerdo del mundo, no vaya a ser que la sinrazón se convierta en el opio del pueblo, no vaya a ser que la razón pierda el pulso ante el corazón.
Hay tantas formas de amar como matices de colores hay en el firmamento.
La noche y las musas del alcohol marcan el camino hacia el deseo, hacia lo imposible para hacerlo posible, para hacerlo palpable, para ponerlo delante de ti y servírtelo en bandeja para que te tomes tu ración de lujuria escondida.
Nunca imaginé lo que sería capaz de hacer, el deseo nos lleva a la locura, no distinguimos entre el bien y el mal, entre lo masculino y lo femenino.
Nos pasamos por el forro los convencionalismos, en la noche todo se relativiza, todo cobra menos importancia, el todo es nada, la nada es nada.
A ciertas horas nos embriagamos de placer, nos emborrachamos de deseo y nos dejamos llevar por el más básico de los instintos
Todavía siento el perfume de tu piel impregnado en mi piel, todavía siento tu culpabilidad pegada a mi culpabilidad, todavía me siento cómplice de tus caricias acompañadas de mis caricias.
Todavía no sé si fue real o tan sólo fue un sueño que revivo en mi mente una y otra vez. Nunca olvidaré ese momento, siempre estará ahí y no sé si todo esto significará un punto y aparte, o un punto y seguido, o simplemente le pondremos a esta historia puntos suspensivos.
La sociedad nos hace estar a un lado o al otro, tenemos que ser de izquierdas o de derechas, arriba o abajo, por detrás o por delante, en nuestra acera o en la acera de enfrente, siempre tenemos que elegir y descartar. Estar en un bando o en otro, la guerra contigo o la paz sin ti.
No podemos caminar por la calle de en medio, no podemos amar el gris debemos elegir entre el blanco y el negro. Hay que definirse, hay que razonar, hay que dejar de lado esa palabra cursi, pasada de moda, que tan sólo utilizan los clásicos y no es otra que la palabra sentir.
Hay que explicarlo todo y además ese todo debe tener algún sentido, debe tener lógica. No debemos darle protagonismo a la improvisación, todo debe ser medido por la cordura, no vaya a ser que un loco sea el más cuerdo del mundo, no vaya a ser que la sinrazón se convierta en el opio del pueblo, no vaya a ser que la razón pierda el pulso ante el corazón.
domingo, 18 de octubre de 2009
QUERIDO AMIGO
Querido amigo:
Hace tiempo que te ando buscando, que no sé nada de ti. Te marchaste hace meses sin avisar, dejándome solo y sin saber si volverías.
He esperado todo este tiempo para escribirte, porque pensaba que en algún momento aparecerías de nuevo por la puerta y yo olvidaría tu ausencia de todos estos meses.
Se me hace extraño no estar contigo, que no estés a mi lado. Hay días que lo llevo mejor, otros que ni tan siquiera me acuerdo de ti y días que no paro de pensar en lo bien que lo hemos pasado juntos.
Todavía me cuesta comprender porque te fuiste, todavía te lloro, todavía sigo pensando que algún día volverás.
No te creas que no te he buscado en todo este tiempo. He llamado a Loli, a Elena, a Leticia y a otras tantas amigas por si te habían visto. Todas ellas me dijeron que no sabían ni querían saber nada más de ti.
Es tal mi desesperación que hace poco hablé con Marta, que fue la última persona que supo de ti y también me dijo que no sabía nada, es más que ya te había olvidado y que ni te buscaba ni pensaba hacerlo. Fíjate me pidió incluso que no le preguntara nunca más por ti.
Todavía recuerdo la última vez que nos vimos, que nos encontramos por casualidad. Fue un gran momento ¿lo recuerdas? Fue una tarde de verano, en una parada de autobús. Yo no te esperaba, pero por casualidades de la vida te presentaste sin avisar, tal fue mi sorpresa que yo no sabía que hacer. Fue un encuentro muy bonito, de esos que recordaré toda mi vida.
Semanas después de ese reencuentro, te marchaste sin avisar, como aquel que se va a comprar tabaco y no vuelve nunca, pues igual. Y yo hasta el día de hoy te sigo buscando.
Mucha gente me ha dicho que no te busque, que ya te encontraré, que cuando menos me lo espere tú aparecerás. Pero ya sabes que soy muy impaciente, que no me gusta esperar.
Si lees esta carta ponte en contacto conmigo, ya sabes donde estoy, ya sabes donde encontrarme. Espero que recapacites y vuelvas pronto.
Te espero amigo, te espero... AMOR.
Hace tiempo que te ando buscando, que no sé nada de ti. Te marchaste hace meses sin avisar, dejándome solo y sin saber si volverías.
He esperado todo este tiempo para escribirte, porque pensaba que en algún momento aparecerías de nuevo por la puerta y yo olvidaría tu ausencia de todos estos meses.
Se me hace extraño no estar contigo, que no estés a mi lado. Hay días que lo llevo mejor, otros que ni tan siquiera me acuerdo de ti y días que no paro de pensar en lo bien que lo hemos pasado juntos.
Todavía me cuesta comprender porque te fuiste, todavía te lloro, todavía sigo pensando que algún día volverás.
No te creas que no te he buscado en todo este tiempo. He llamado a Loli, a Elena, a Leticia y a otras tantas amigas por si te habían visto. Todas ellas me dijeron que no sabían ni querían saber nada más de ti.
Es tal mi desesperación que hace poco hablé con Marta, que fue la última persona que supo de ti y también me dijo que no sabía nada, es más que ya te había olvidado y que ni te buscaba ni pensaba hacerlo. Fíjate me pidió incluso que no le preguntara nunca más por ti.
Todavía recuerdo la última vez que nos vimos, que nos encontramos por casualidad. Fue un gran momento ¿lo recuerdas? Fue una tarde de verano, en una parada de autobús. Yo no te esperaba, pero por casualidades de la vida te presentaste sin avisar, tal fue mi sorpresa que yo no sabía que hacer. Fue un encuentro muy bonito, de esos que recordaré toda mi vida.
Semanas después de ese reencuentro, te marchaste sin avisar, como aquel que se va a comprar tabaco y no vuelve nunca, pues igual. Y yo hasta el día de hoy te sigo buscando.
Mucha gente me ha dicho que no te busque, que ya te encontraré, que cuando menos me lo espere tú aparecerás. Pero ya sabes que soy muy impaciente, que no me gusta esperar.
Si lees esta carta ponte en contacto conmigo, ya sabes donde estoy, ya sabes donde encontrarme. Espero que recapacites y vuelvas pronto.
Te espero amigo, te espero... AMOR.
domingo, 20 de septiembre de 2009
APRENDIENDO A MARCHARME
En estos días estaba pensando en lo difícil que es marcharse, darse media vuelta y volver por donde has venido.
Pensaba en lo difícil que es poner punto final, cerrar una puerta, hacer mutis por el foro con dignidad, sin resentimientos, sin traumas, sin tristezas.
Irte sin hacer ruido, con la cabeza alta, por si algún día te da por volver o a ella le da por llamarte para que vuelvas. Es muy difícil decir hasta aquí hemos llegado, porque siempre quieres llegar a más. Es muy difícil que tu boca pronuncie un rotundo se acabó, cuando prefieres gritar continuará.
Que difícil es dar un portazo entre interrogantes, irte un minuto antes de que te echen o de que te odien por ser un cobarde, por no saber dar un paso atrás.
Pensaba, que es mejor tragarse las lágrimas de espaldas a la persona a la que amas. Pensaba que es mejor marcharse con la maleta llena de recuerdos, dejando colgados en el armario los trajes de reproches, las prendas de dolor, la ropa íntima salpicada del sexo que nunca tuvimos y que ya no tendremos jamás.
Que es mucho mejor, marcharte por tu propio pie y no con una patada en el culo. Que hay que irse antes de que te tiren los zapatos por el hueco de la escalera y tus ilusiones por el pasillo.
De hecho, es mejor marcharse con una sonrisa en la boca, abriendo las ventanas para ventilar el aire viciado de pensamientos negativos. Marcharse de puntillas para que valoren tu ausencia, marcharte descalzo sin hacer ruido antes de que te olviden, marcharte con discreción para dejar un buen sabor de boca.
Los que todavía no sabemos marcharnos a tiempo, la vida nos enseña a despedirnos de manera involuntaria de las personas que queremos. Y cuando eso sucede, siempre repetimos la misma pregunta ¿porqué no supe marcharme a tiempo?
Pensaba en lo difícil que es poner punto final, cerrar una puerta, hacer mutis por el foro con dignidad, sin resentimientos, sin traumas, sin tristezas.
Irte sin hacer ruido, con la cabeza alta, por si algún día te da por volver o a ella le da por llamarte para que vuelvas. Es muy difícil decir hasta aquí hemos llegado, porque siempre quieres llegar a más. Es muy difícil que tu boca pronuncie un rotundo se acabó, cuando prefieres gritar continuará.
Que difícil es dar un portazo entre interrogantes, irte un minuto antes de que te echen o de que te odien por ser un cobarde, por no saber dar un paso atrás.
Pensaba, que es mejor tragarse las lágrimas de espaldas a la persona a la que amas. Pensaba que es mejor marcharse con la maleta llena de recuerdos, dejando colgados en el armario los trajes de reproches, las prendas de dolor, la ropa íntima salpicada del sexo que nunca tuvimos y que ya no tendremos jamás.
Que es mucho mejor, marcharte por tu propio pie y no con una patada en el culo. Que hay que irse antes de que te tiren los zapatos por el hueco de la escalera y tus ilusiones por el pasillo.
De hecho, es mejor marcharse con una sonrisa en la boca, abriendo las ventanas para ventilar el aire viciado de pensamientos negativos. Marcharse de puntillas para que valoren tu ausencia, marcharte descalzo sin hacer ruido antes de que te olviden, marcharte con discreción para dejar un buen sabor de boca.
Los que todavía no sabemos marcharnos a tiempo, la vida nos enseña a despedirnos de manera involuntaria de las personas que queremos. Y cuando eso sucede, siempre repetimos la misma pregunta ¿porqué no supe marcharme a tiempo?
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